En el monte Sión habrá supervivencia ¡AMPLIADO!

Estudio bíblico profético sobre la profecía del profeta Abdías (Ab 1,17), la cual afirma que en el monte Sión habrá supervivencia. Se trata de una profecía muy relevante, dada desde hace más de veinticinco siglos, y que aparece en otras partes de la Biblia: en 2 R 19,31, en Is 37,32 y en Jl 3,5 (Jl 2,32 en la Biblia Straubinger).

La profecía anuncia la destrucción de Edom (la tierra de Esaú) por su pecado contra el pueblo hebreo, por haberse aliado con Babilonia en la invasión a Israel. Pero de manera evidente anuncia también principalmente un hecho futuro, haciendo claras referencias al final de los tiempos y al juicio de las naciones.

Se explica cómo evolucionó en la Biblia el significado del monte Sión, ampliando su espacio geográfico, y luego cambiando de un templo físico a un templo espiritual. Se demuestra que su sentido final es templo donde Dios decidió morar: en sus hijos adoptivos, es decir, dentro de todos los bautizados, haciendo de ellos un templo vivo de Dios. Esto se logra consagrándose a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, quedando así marcados como en figura o sombra ocurrió en el Éxodo cuando el pueblo hebreo recibió de Dios la orden de marcar sus puertas con la sangre de un cordero sin defecto.

La conclusión final apunta a que para sobrevivir a la Gran Tribulación, no hay nada más importante que constituirse ese monte Sión profetizado para obtener así la protección prometida, la supervivencia de los que hagan de sí mismos un Sagrario Santo donde permanezca la Eucaristía de una Comunión a la siguiente, por medio de una vida en santidad y mediante la obtención del Sello.

Este misterio del Sello y Sagrario Vivo en nuestras almas lo conocemos no solamente por la devoción a la Preciosísima Sangre. La primera ocurrencia de este milagro se ve en el libro de Sor María de Jesús de Ágreda, titulado Mística Ciudad de Dios, donde se muestra que María Santísima fue la primera en vivir esto: la sagrada Eucaristía no se consumía en su interior, sino que permanecía entera hasta el momento en que Comulgaba en una siguiente ocasión. Este milagro se mantuvo desde su primera Comunión de manos de su Hijo Jesucristo, hasta el momento de su asunción a los cielos. Esto mismo vivió San Antonio María Claret en el siglo XIX, por un período de nueve años. Y nosotros estamos llamados a vivir esta presencia, que no es solo espiritual, sino real, completa física y maravillosa, haciendo de nosotros un Templo Vivo de Dios..